Hace tiempo que deseábamos realizar esta ruta, desde el noventa y cinco en que habíamos visitado la ciudadela de Cajamarquilla por las inmediaciones de Huachipa, nos había intrigado el porqué se llamaba Nevería a una zona cercana, si este lugar, más alejado de la nieve no podia estar, más bien se caracterizaba por su sequedad y aridez constante, típica de la pampa costeña. Un viejo poblador nos daría un gran indicio: ¡porque en épocas del virrey bajaban en mulas trayendo hielo !, el anciano sabia por tradición la historia del lugar.
Consultando libros y crónicas después nos enterariamos de que por este pueblo en épocas coloniales las caravanas de mulas y jumentos hacían pascana (parada) antes de ingresar a la Ciudad de los Reyes trayendo su valiosa mercancía consistente en bloques de hielo extraídos de los nevados de las punas de Huarochirí, sin querer estábamos redescubriendo un antiguo camino, muy utilizado y transitado desde hace muchas centurias, hoy ya sumido en el manto del olvido.
La "Ruta Helada" partía propiamente de los nevados (hoy inexistentes), situados encima de la laguna de tambillo, en Laraos , Huarochirí, para descender al pueblo de Quilcamachay (hoy fantasmal), lugar donde los jinetes y las recuas pasaban la noche sin temor a que su níveo cargamento se derrita ya que Quilcamachay se encuentra sobre los cuatro mil metros de altura. De allí en marcha forzada enrumbaban hacía Lima, pero antes pasaban por Chaclla, Collata, Jicamarca, desde donde ya en una bajada un poco abrupta abandonaban el ichu de la altiplanicie andina para internarse por los cactus de la dura , seca y pedregosa zona yunga, por la célebre cuesta de "las seis leguas" que tanto comentaron los cronistas, con dirección hacía el antiguo pueblo de Mama (hoy Ricardo Palma).
El hoy abandonado y fantasmal pueblo de Quilcamachay
Veamos el recuento que hacen algunos cronistas y arqueólogos sobre esta antigua ruta:
El primero de ellos es el reverendo Pedro Villar Córdova, quien como queriendo hacer una reparación histórica del tristemente célebre Francisco de Ávila, temible cura "extirpador de idolatrías" quien en el siglo XVI acompañado de sus acólitos a sangre y fuego destruyeron templos. adoratorios, huacas, en fin, cualquier lugar sagrado que evocara a las deidades andinas, cuatro siglos después nuestro silencioso y sabio teólogo Pedro Villar "a lomo de mula" recorrerá todos los desiertos y oquedades de las serranías de Lima, registrando los vestigios que aún quedaban de la esplendorosa cultura andina, ya no para el fanatismo inquisidor de aquellos oscurantistas émulos de Torquemada, sino para promover la " levadura espiritual " de la ciencia. Es así que este peregrino gregoriano cual " Herodoto Indiano " nos regalará uno de los primeros estudios serios sobre la historia prehispánica limense titulado " Arqueología del departamento de Lima", en él anotara sobre el viejo camino nevero:
"Por la quebrada de Nieveria bajaba a la costa un camino muy antiguo que fue usado y perfeccionado por los incas. Comunicaba el valle de Lima con las poblaciones de otros lados de los andes situados en el departamento de Junín. Dicho camino partía de Lima por Caxamarquilla y ascendía por Xicamarca, Chacclla, kilkamachay, Collata, Arahuay, Acobamba y Marcapomacocha hasta Tarma. En la época colonial el camino pasaba por Lachaqui; Canta, Cullhuay, Cerro de Pasco y Huánuco. En la meseta de Bombón llegaba a unirse con el antiquísimo Camino Real de los Incas; el Cápac Ñam que unía las sierras de Quito y Cuzco."
El cronista español Dávila Briceño también se referia a este viejo camino:
" Viene el camino de Guanuco para la Ciudad de los Reyes por este repartimiento a San Francisco de Chacalla y por allí baja aquella famosa cuesta de Chacalla al pueblo de San Pedro de Mama, seis leguas de bajada aunque bien echadas. Del pueblo de Mama donde esta Tambo Real siguen a la Ciudad de los Reyes".
Bueno, nuestro bagaje histórico ya habia sido consultado, así que manos a la obra, pero queríamos realizar una pequeña variante, ya que las lagunas de Tambillo en Laraos, las habíamos visitado varias veces en anteriores excursiones, así que esta variación consistiría en partir del pueblo de Vicas para adentrarnos por la quebrada Maquerhua y poder apreciar uno de los últimos rodales existentes en Lima, de la famosa "Titanka", este es su nombre autóctono pero es más conocida como Puya Raimondi. El rodal de Maquerhua es el más cercano pero paradójicamente uno de los mas inaccesibles; se encuentra en la parte alta del valle de Santa Eulalia en su margen derecho. Para poder visualizar otro bosque de puyas en Lima hay que viajar un poco más, a Pumacoto o Huaros en Canta, o sino hasta Canchayllo en Yauyos. La ruta se ponía interesante además de la ya famosa Ruta del Hielo, iríamos por la quebrada Maquerhua, lugar que alberga como ya hemos anotado los últimos relictos en Lima de esta bromeliácea gigante que se encuentra en franco proceso de extinción.
JUEVES 24/03/05
Le cuento lector, como siempre, el Parque Echenique en Chosica sería el punto de encuentro; ocho y cuarto de la mañana y la gente va apareciendo, Carlos Gustavo, Percy, luego José y Francisco, después Karina se haría presente. Edy y Mery una pareja de docentes en Danzas y Folklore se unieron al grupo al final. Con todos ya reunidos fletaron una movilidad a 130 soles que los llevó hasta el mismo pueblo de Vicas después de casi tres horas de viaje por la serpenteante y abisal carretera, un desvío antes de cruzar el puente Autisha los llevaría al primer destino.
Los amigos se habían informado sobre la supuesta "mala fama" de Vicas pero realmente no pudieron patentizar nada de ello, como todo pueblo de la sierra, la hospitalidad de los pocos habitantes que a esa hora encontraron era espontánea y natural. Tomaron las consabidas fotos en su plaza principal que viene a ser una simple explanada usada como campo de fútbol. Consultaron el camino con unos pobladores, verificaron el mapa y partieron rumbo a su destino. Ascendieron por una bonita cuesta, voltearon rápidamente y vieron ya a lo lejos, el pintoresco pueblito de Vicas. Iniciaban ya la caminata por la quebrada Maquerhua, pero a las dos horas una impertinente y persistente lluvia los hizo buscar un claro para poder armar las tiendas. Encontraron en una pequeña quebrada, un espacio no muy conveniente como lo comprobarian al día siguiente, por encontrarse muy pegado a los cerros, inclinado y expuesto a la crecida del riachuelo que bajaba por allí, pero no les quedaba otra, en varios kilómetros a la redonda no había ningún claro y la cruel lluvia a pesar de los impermeables no perdonaba. Así que "caballero nomás" decidieron levantar su primer campamento bajo la impenitente tormenta. Habían caminado recién dos horas y media, eran las tres de la tarde y las circunstancias los obligaban a refugiarse en sus tiendas, "meterse al sobre" y dar por terminada prematuramente la ruta por ese día. VIERNES 25/03/05
Clareaba, los cuculíes, las torcazas, los jilgueros anunciaban claramente el amanecer andino, era necesario levantarse temprano para arriar el el campamento y sobre todo aprovechar los primeros estertores de sol para secar las húmedas prendas. Así lo hicieron, los !buenos días! respectivos, un frugal desayuno, un mate, un pancito y unas galletas, serían suficiente para iniciar la jornada que el día de ayer la lluvia muy temprano la había concluido. Así que pusieron manos a la obra, un rato de tertulia entre Carlos, Gustavo y Francisco, sobre ellos nada hacía presagiar que un desprendimiento de rocas pondría a prueba la rápidez de sus reflejos.
- !! Cuidado allí Carlos, Gustavo !!- gritaron a coro desde el margen contrario del arroyo Percy y José que se habían percatado del hecho. Francisco detrás de una inmensa roca ya estaba a buen recaudo pero Gustavo y Carlos que se encontraban de espaldas a la montaña, tardaron unos segundos de más, pero trataron de subsanar esta desventaja corriendo apresuradamente para guarecerse. Un mal paso y Carlos tropieza, este hecho sería providencial para poder esquivar una de las piedras más próximas que se dirigía hacia él.
- !La sacaste barata, jugador!
- !Una raya más!
- !Hierba mala, nunca muere!
Los comentarios y las consabidas bromas para disipar el hálito de la mala suerte que amenazaba posarse sobre el campamento y de paso curar del susto a los protagonistas. Desarmaron las tiendas y observaron alguna de las piedras que habían caído sobre la carpa de Francisco, había que continuar y dejar atrás este mal rato que pudo convertirse en un fatal accidente, en fin, voltear la página.
Empezaron por averiguar la ruta que ya la habían dibujado mentalmente. Tenían que comenzar a ascender y así lo hicieron, serían las diez de la mañana y el sol ya comenzaba a abandonarlos, pero a lo lejos alcanzaron a observar las enormes " Titankas " en la parte alta de la quebrada, bien arriba, donde se erguían esplendorosas, apuntando al cielo, matizando el paisaje serrano. Todo en ellas es exagerado y sorprendente, les toma cien años alcanzar su tamaño máximo que es de hasta tres metros de diámetro, al cabo de ese tiempo las plantas florecen y mueren. En su inflorescencia se hospedan en ella hasta veinte mil flores y pueden medir hasta 11 metros la más alta del mundo.
- Si, ya las ví, están bien, pero bien arriba- respondió Francisco.- Sí ya las puedo ver, allí están las bromilácias- replicó Carlos.
- ¿ Qué?- dijo Francisco.
- Las Raymondi Puya, familia de las bromilácias y más arriba veremos volando al Colaptes Rupícola (pajaro carpintero andino) - reafirmó el presunto sabelotodo.
- ! Tumay!... se escucharon murmullos por allí, causando la hilaridad del grupo, parece que los nombre científicos habían sido bien aprendidos.
Fue la última visión porque el cielo se cerro, la quebrada Maquerhua mostró sólo unos instantes su tesoro más preciado, uno de los últimos rodales de esta gigantesca planta en extinción.
Serían alrededor de las dos de la tarde, el grupo ya llevaba como cinco horas de ascender sin descansar, cuando llegaron a una pequeña estancia deshabitada, pasaron de largo y unos metros más alla, el camino tomaba una orientación hacía la derecha, el cual no parecía conveniente para sus intereses, porque supuestamente Quilcamachay, el pueblo nevero, el "bien esquivo", según sus mapas, estaba arriba pero hacia la izquierda.
- El camino es hacia la derecha- sostuvo Francisco.
- ¿Crees que sea por allí Franpisco? se preocupó Percy.
- Sí- replico Francisco - cuando se despejo la neblina por unos instantes he visto que el sendero llega a una explanada y de allí dobla a la izquierda.
- Bueno -razono Percy- sigámoslo y si no dobla volvamos lo andado.
Dicho y hecho, parece que Francisco había visto visiones; la ruta no había sido la correcta, así que retrocedieron y volvieron a seguir ascendiendo ya no por un camino específico sino siguiendo simplemente varias desordenadas huellas que terminaban y volvían a aparecer, asi en medio de una espesa neblina, que no dejaba visualizar más allá de dos metros, el contigente avanzaba sin un rumbo fijo, guiados solamente por su instinto y el olfato de Percy.
La desesperanza comenzaba a apoderarse del grupo, la supuesta ruta no tenía fin, ya llevaban varias horas subiendo por una cuesta bien inclinada, a medida que avanzaban , la neblina les revelaba que la montaña seguía creciendo mágicamente. Seis horas de ascenso con un destino incierto ya estaban minando no sólo los arrestos físicos, sino lo principal, las despensas psicológicas y anímicas de varios de ellos.- Vamos José, no te quedes dormido, de pie - el frugal alimento, la altitud, debilitaban el cuerpo de José que amenazaba con quedarse dormido prolongadamente.
- Pronto volverá a llover, tenemos que continuar - Percy estaba seguro de haber avanzado lo correcto, consulto el mapa, altitud, latitud, longitud, brújula, todo su rollo de navegación y dirimía con Carlos.
- Sí es por acá, estamos muy cerca - sentenció Percy.
Ya llevaban casi siete horas sin parar y la abrupta ladera no tenia cuando acabar. Por ese mundo sin terminar, con toda la humedad condensada y el atardecer en fermentación, sobre la resbalosa mala hierba y los pesados charcos volvieron a marchar. Inclinarse primero, alzar un pie de plomo, luego caminar por inercia.
- ! Carajo, que hago acá !
- Vamos compadre, no puedes quedarte, otro paso más, vamos.
El mochilón que friega la espalda y sin embargo subir sin un quejido. El grupo seguía tambaleante, cada cuerpo ya se acostumbraba a su dura realidad, como si nunca hubiesen vivido a plena luz del sol, fuera de esta inmensa, nubosa e infinita montaña.
Foto Erick Pezo
- ¿ Dónde estamos ? , por qué seguimos subiendo si no sabemos a dónde vamos a llegar - decía José con hablar fatigado.- Creo que estamos perdidos - susurraba Francisco.
- Ya falta poco, no os preocupéis- con un gracioso español dieciochesco Carlos trataba de sembrar el escaso optimismo en esos momentos.
- Eso lo escucho desde hace horas - gruñia Gustavo.
Y lo peor , la maldita bruma que nunca se disipa, que sólo deja ver sus narices, encerrados en cuatro paredes blancas, caminando a tientas, en un limbo, en el marasmo de la nada, confiados solamente en el mapa, las coordenada que se leen en él, en nuestra vieja brújula y en la solvencia e instinto de Percy. Hasta que la aparición fantasmal de un inmenso muro de piedras que choca casi con sus narices en medio de la neblina, abre algunas esperanzas. Percy se adelanta a inspeccionar, trepa sobre la tapia y discursa ! Señores, hemos llegado a Quilcamachay !.
" Áquiles el de los pies ligeros, señala con su espada el horizonte, los valientes aqueos cansados y perplejos contemplan como se dibuja en medio de la bruma, las puertas de la mítica y gloriosa Troya ".
Si quieres continuar con esta aventura consulta en
El último " hielero del Chimborazo"
Mas fotos de QUILCAMACHAY el "pueblo hielero" de la época colonial.















