Ante la sumisión bíblica del Eclesiastés del "no hay nada nuevo bajo el sol", los dioses andinos yerguen una flama roja ardiente, resplandeciente en lo alto de las montañas, al borde del dulce abismo, pretendiendo incendiar las nubes, y el sol rojo del atardecer nos anuncia la novedad del asombro, de ese golpe a la conciencia y a los sentidos que habria sido para un viajero en la antiguedad, Rúpac, Chíprac, Añay y sus contornos, pero también intimidante, peligroso, disuasorio para cualquier guerrero invasor que pretendiera hollar sus cumbres.
Y es que estos parajes, eran primigeniamente unas ciudadelas fortalezas pintadas de rojo, y el efecto visual que se generaba cuando caía la tarde y el sol rojizo se reflejaba en sus muralla, acompañado de esos atardeceres con el horizonte marino en la lejanía debían haber sido espectaculares, apocalípticos para los mortales hace mil años.
Coincidentemente Rúpac significa "fuego o llamarada roja" en aymara, y "caliente" en quechua, como si fuera un acertijo linguístico estas etimologías nos dan dos de las características principales de esta suerte de "Masada atavillano": FUEGO ROJO por el efecto visual anotado anteriormente y CALIENTE por sus admirables viviendas llamadas "Cullpis", que adelántandose a su época fueron las únicas del Perú antiguo que se sepa, tuvieron calefacción.
Así como Tello tuvo que seguir las "huellas del jaguar" ese felino emblemático de la mitología chavinoide para desentrañar sus orígenes, nosotros tendremos que seguir el "rastro del puma" que merodea por la zona para hurgar en los misteriosos orígenes de los atavillos; estos nos llevarán al flanco oriental de los andes, a la zona de Tantamayo en Huánuco, donde otra raza de megaconstructores: los YAROWILCAS, asombran a tirios y troyanos con sus ciclópeos rascacielos, edificios de cinco o seis pisos de altura, donde se pueden comprobar características constructivas similares a los atavillos. Y será un arqueólogo francés venido de la "ciudad luz", Bertrand Flornoy quien nos encendera una luz al final del túnel detectando la génesis arquitectónica atavillana y nos despejara las huellas y el rastro que seguimos. La tesis de Flornoy plantea la influencia de los YAROS sobre la sierra de Lima, donde según sus estudios consolidaron pequeñas culturas regionales en las cuencas del río Chancay y Chillón, y los Yaros a su vez provendrían de la desintegración del Imperio Tiahuanaco - Wari. Será por ello que algo de las "chullpas" de Sillustani pero en distinta geometria nos evocan los "cullpis" atavillanos.
El rompecabezas se va armando poco a poco pero la última letra aún no ha sido escrita, eso si nos lo permiten los "muquis" esos divertidos duendes que son los celosos guardianes y custodios del glorioso antepasado atavillo.
Si quieres continuuar esta aventura " TRAS LAS HUELLAS DEL PUMA " consulta en:



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